lunes, 9 de marzo de 2026

Todo Empieza con la Sangre


Puntuación: 
⭐⭐⭐⭐


Ficha Técnica


Autor: Aixa de la Cruz
País: España.
Año: 2025
Genero: Novela Contemporánea.
Subgénero: Drama, Ficción. 
Temas: Amor, Vacío, Relaciones.
Número de Libros: 1

Sinopsis: Violeta trata de aplacar el vacío que arrastra desde que nació, un hueco inexplicable que intenta saciar con el amor de otros. El amor arrollador y evanescente de Paul, alma gemela pero también condena. El amor seguro y colonizador de Salma, rotunda, fuerte y hermosa como la reina de un pueblo guerrero. El amor extraviado de un padre que se alejó pronto y el de una madre que asfixia como solo puede asfixiar el lugar del que una proviene. Violeta lleva una vida entera persiguiendo un ideal romántico y, sin embargo, siempre hay algo que no está, que no tiene; siempre hay algo nuevo listo para ser deseado.

Mientras tanto, los años pasan, el cuerpo duele, corre la sangre y el mundo entero se tambalea. ¿Podría ser la fe el único asidero cuando ya nada es suficiente? ¿Cómo se rompe un pacto de sangre?


Opinión Personal

Puntuación que le doy:  
Contenido: 🎎💞💬
La recomiendo: Si
La volvería a leer: Si
Reto desbloqueado: No Aplica

El vacío es, sin esfuerzo, una de las peores sensaciones a las que una persona puede enfrentarse. De allí no vienen respuestas: no hay palabras, no hay hechos. El vacío se parece a la nada misma. Conectar con el vacío de Violeta fue natural para mí, porque entiendo ese mismo descontento e impotencia que genera mirarlo de frente.

Ese vacío funciona como el hilo conductor de la novela, narrada de una forma particular: desde un presente que, mientras avanza, va explicando aquello que terminará configurando el futuro.

Violeta intenta llenar ese vacío con el deseo carnal, esperando de él aceptación y devoción. Esto muestra cómo, muchas veces, esperamos que nos quieran de una manera específica, cuando en realidad las personas solo pueden querernos como saben hacerlo. Esa distancia la frustra, aunque nunca lo manifiesta. El silencio y la necesidad de pertenecer se convierten en yugos que se cargan con esfuerzo, siempre con la esperanza de que funcionen en la realidad.

La novela toca temas delicados que, en varios momentos, incluso me indignaron durante la lectura. He escuchado muchas veces el estereotipo de que las relaciones lésbicas son más sanas que las heterosexuales porque en ellas no aparece el machismo impositivo del hombre. Sin embargo, esta novela muestra algo esencial: las relaciones humanas son complejas en cualquier contexto, porque en ellas se encuentran universos mentales distintos, cargados de cultura, heridas y experiencias diferentes. Integrar dos mundos siempre es difícil, sin importar el género.

Paul se presenta como el gran amor de Violeta, un amor que la acompaña como una sombra de la que no puede desprenderse. Simboliza la primera conexión profunda que experimentó y, por eso, está envuelto en cierta mística y ensoñación. Las primeras veces dejan marcas profundas. Violeta siempre lo recuerda, lo añora y vuelve a él en su memoria.

Sin embargo, su relación es tirante. Paul la “ghostea” constantemente, dejándola con la ansiedad de no ser elegida. El hecho de que Paul sea gay también se convierte en una herida para Violeta, porque toca directamente el vacío que arrastra: no poder ser elegida. Esa sensación dialoga con el abandono de su padre.

Salma llega a la vida de Violeta en un momento delicado, convirtiéndose inicialmente en sostén y cuidado tras su aborto. Al principio parece una oportunidad para avanzar, un aire nuevo. Pero pronto se revela como una figura controladora y narcisista. Todo gira en torno a ella y a sus proyectos, mientras Violeta termina convertida en un elemento más dentro de su mundo: un objeto, un adorno dentro de la casa. Salma provee, Salma es dueña de la casa, y poco a poco también parece convertirse en dueña de Violeta.

Violeta no puede mencionar a Paul porque Salma se enfurece cuando aparece su nombre. Así, partes importantes de su historia quedan censuradas para sostener la relación. Paul, aunque ausente, continúa acompañando silenciosamente la vida de Violeta. Ella misma empieza a observar su propia vida como si fuera una espectadora, como si aquello que ocurre le perteneciera a otra persona.

Aunque Violeta tiene algunas amantes y Salma parece tolerarlo, las críticas y los reclamos son constantes y duros.

Luego llega la pandemia, que destruyó o intensificó muchas grietas emocionales en todos nosotros. Sin demasiados remordimientos, Salma echa a Violeta de casa. Sin hogar, sin amor, sin dinero y sin demasiadas certezas sobre el futuro, Violeta hace algo que, desde mi lectura, debió hacer desde el principio: destruir la historia que Salma tomó por la fuerza, sin respeto y sin permiso, al retratarla en sus cuadros y exponer su intimidad como si fuera una primicia artística.

Violeta reconoce que le cuesta conectar con las personas si no es a través del sexo, pero encuentra en la sangre una conexión más sincera y más real. Paul aparece entonces como el vínculo más profundo, porque entre ellos existió algo que se gestó en su vientre: la sangre que formaba su feto, ese que tal vez habría podido llenar el vacío, pero que nunca llegó a existir.

Cuando Violeta destruye los cuadros, pintados con la representación de su aborto y mezclados con su propia sangre; logra levantarse como un individuo que, aunque roto e incompleto, necesita recuperar algo esencial: el derecho al anonimato y al silencio de sus heridas. Salma nunca debió compartir con el mundo una historia que no le pertenecía y que, además, estaba tergiversada.

Finalmente vemos a Violeta buscando consuelo en la iglesia. Me parece un cierre sano y coherente. Aunque no soy practicante de ninguna religión, creo que la conexión con el espíritu, con la fuerza creadora o la energía que mueve el universo; puede llevarnos hacia el interior, hacia el lugar donde podemos conocernos, perdonarnos y aceptarnos. Tal vez ese espacio sí pueda dialogar con el vacío, porque ambos parecen infinitos.

No somos culpables de nuestros vacíos, pero sí responsables de gestionarlos: de comprenderlos y de decidir cómo los compartimos con el mundo.


Angie W. Niconella



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