Ficha Técnica
Autor: Agustina Bazterrica
País: Argentina.
Año: 2017
Genero: Novela Psicológica.
Subgénero: Ficción, Suspenso.
Temas: Moralidad, Canibalismo, Distopia.Número de Libros: 1
Sinopsis: La súbita aparición de un virus letal que ataca a los animales modifica de manera irreversible el mundo: desde las fieras hasta las mascotas deben ser sistemáticamente sacrificadas, y su carne ya no puede ser consumida. Los gobiernos enfrentan la situación con una decisión drástica: legalizando la cría, reproducción, matanza y procesamiento de carne humana. El canibalismo es ley y la sociedad ha quedado dividida en dos grupos: los que comen y los que son comidos. Marcos Tejo, encargado general del frigorífico Krieg, separado de su esposa y cargo de su padre, es un oscuro burócrata. El día en que recibe como regalo una mujer criada para el consumo, las tentaciones lo transforman en una conciencia peligrosa de pliegues truculentos que lo llevará a transgredir las nuevas normas hasta límites que la sociedad desconoce. ¿Qué resto de humanidad cabe cuando los muertos son cremados para evitar su consumo? ¿Quién es el otro si, de verdad, somos lo que comemos?
Opinión Personal
Puntuación que le doy: ⭐⭐⭐⭐⭐
Contenido: 🎎🔪💔
La recomiendo: Si
La volvería a leer: No
Reto desbloqueado: Un libro que se desarrolle en otro mundo (2/3).
Historia bastante pesada, tanto por el contenido como por la crudeza de las descripciones y de los personajes. Confronta de manera directa la forma en que vemos al otro y cómo el pensamiento comunitario termina condicionando nuestras decisiones morales.
La novela plantea un quiebre en la cadena alimenticia causado por un virus que provoca la desaparición de todos los animales. Esto obliga a la humanidad a adaptarse. Inicialmente se intenta una dieta vegetariana, pero pronto es reemplazada por lo que el sistema comienza a llamar “carne de calidad”, un eufemismo que intenta maquillar la realidad del canibalismo.
Las descripciones son particularmente duras. Desde la forma en que se cazan las “presas” hasta el origen de estas personas, que casi siempre provienen de sectores vulnerables. En casi todos los casos son pobres, inmigrantes, mujeres o niños quienes terminan sometidos con mayor facilidad al poder del dinero y a las decisiones de dirigentes corruptos.
El trato hacia la carne se describe exactamente igual a como hoy se describen las cabezas de ganado o de cerdo, incluyendo los cortes y los procesos de procesamiento. Incluso aparecen mitos sobre supuestas propiedades afrodisíacas de los órganos reproductores, así como el consumo de placentas o fetos. A esto se suma una cultura del “aprovechamiento total”, presentada como la opción civilizada: consumir órganos, utilizar pieles para vestimenta o fabricar adornos a partir de la caza.
Hay que tener estómago fuerte para atravesar cada capítulo. La novela también nos confronta con nuestras propias prácticas actuales. ¿Vemos a los animales como seres tan inferiores que nos sentimos con derecho absoluto sobre ellos? Hemos despojado a esas criaturas de su capacidad de sentir para mantener intacta nuestra comodidad frente al marketing y frente a la mesa. En el fondo, somos esa misma sociedad que el libro describe; solo que los cadáveres que consumimos todavía no son humanos.
En medio de este escenario aparece Marcos, quien se presenta como un agente crítico de esa realidad. Cuestiona normas y comportamientos, aunque lo hace desde el silencio de su mente. Su trabajo en el frigorífico parece responder más a la necesidad de un ingreso estable para cuidar a su padre enfermo que a una verdadera convicción.
Cuando su padre muere, el lector se enfrenta a otra escena absurda: el tratamiento de los restos mortales humanos, custodiados con extremo rigor para impedir que los “carroñeros”, personas más pobres y hambrientas, roben los cadáveres para comérselos.
Todo en este libro resulta bizarro y atroz, y aun así el lector permanece aferrado a terminarlo.
Marcos carga también con una separación marcada por un aborto. Vive desconectado de su esposa y solo en su casa cuando encuentra a la “hembra”, una joven que posiblemente cayó de un camión transportador camino al sacrificio. Decide acogerla.
A partir de ese momento comenzamos a involucrarnos en el cuidado diario de ella: en cómo descubre el mundo, cómo empieza a tomar cierta conciencia de su existencia. Marcos termina teniendo relaciones sexuales con ella. No se especifica si son consentidas, porque desde la lógica de ese mundo “la carne” no posee inteligencia ni voluntad. De alguna manera, en medio del caos, el lector empieza a conectar con esa extraña historia de afecto, observando cómo él comienza a reconocer en ella algo más que un cuerpo destinado al consumo.
La situación se vuelve incómoda cuando presenciamos la tortura y asesinato de dos cachorros que él había reconocido como amigos, animales que se suponía ya no existían. Allí algo empieza a romperse dentro de la narrativa.
Cuando Marcos llega a casa descubre que ella está entrando en trabajo de parto y el proceso no avanza bien. Llama entonces a su ex esposa, que es enfermera. Ella llega confundida, enfrentando su vocación de servicio con su convicción moral: considera una aberración que alguien conviva con una de esas hembras y entiende que Marcos ha cometido un delito.
Las súplicas de Marcos finalmente la convencen de ayudar. El niño nace.
Entonces ocurre el giro final.
Marcos toma a la hembra y, sin titubear, sin pensarlo demasiado y frente a la confianza absoluta de ese ser que no percibe la traición dibujada en su rostro, la mata.
El impacto es brutal. Durante toda la novela parecía que Marcos representaba una mirada crítica frente al sistema. Pero al final se revela como parte del mismo mecanismo. Solo quería recuperar el hijo que perdió con su esposa y, para lograrlo, termina siendo tan cruel y utilitarista como la sociedad que cuestionaba.
Me impactó no solo la traición cruda del acto, sino también la reacción de su esposa, quien cuestiona por qué la mataba si aquella hembra todavía podía darles más hijos. Esa respuesta parece pertenecer por completo a la distopía descrita en el libro; sin embargo, también dialoga inquietantemente con nuestra realidad. Hoy normalizamos tantas violencias, abusos y desastres que la muerte, el hambre y las lágrimas ajenas ya no incomodan desde la empatía, sino desde la interrupción de nuestras tareas o de nuestro propio día.
Una novela que sorprende y perturba de principio a fin.
Angie W. Niconella

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