Puntuación: ⭐⭐⭐⭐⭐
Ficha Técnica
Autor: Isabel Allende
País: Chile.
Año: 2015
Genero: Novela Rosa.
Subgénero: Drama, Ficción.
Temas: Vejez, Amor, Historia.Número de Libros: 1
Sinopsis: La historia de amor entre la joven Alma Velasco y el jardinero japonés Ichimei conduce al lector por un recorrido a través de diversos escenarios que van desde la Polonia de la Segunda Guerra Mundial hasta el San Francisco de nuestros días.
A los veintidós años, sospechando que tenían el tiempo contado, Ichimei y Alma se atragantaron de amor para consumirlo entero, pero mientras más intentaban agotarlo, más imprudente era el deseo, y quien diga que todo fuego se apaga solo tarde o temprano, se equivoca: hay pasiones que son incendios hasta que las ahoga el destino de un zarpazo y aun así quedan brasas calientes listas para arder apenas se les da oxígeno.
A los veintidós años, sospechando que tenían el tiempo contado, Ichimei y Alma se atragantaron de amor para consumirlo entero, pero mientras más intentaban agotarlo, más imprudente era el deseo, y quien diga que todo fuego se apaga solo tarde o temprano, se equivoca: hay pasiones que son incendios hasta que las ahoga el destino de un zarpazo y aun así quedan brasas calientes listas para arder apenas se les da oxígeno.
Opinión Personal
Puntuación que le doy: ⭐⭐⭐⭐⭐
Contenido: 👥🚨
La recomiendo: Si
La volvería a leer: Si
Reto desbloqueado: No Aplica.
Tenía a Isabel Allende dentro de mis escritoras pendientes. No entiendo por qué no lograba iniciar alguna lectura suya. Sin embargo, la decisión llegó de pronto, por impulso, ya que en este 2026 quiero leer más mujeres y, sobre todo, más contenido latinoamericano. Deseo dedicarlo a las raíces de esta encarnación y también a Japón, lugar que llama a mi alma.
La sinopsis resultó demasiado breve frente a la obra que encontré. En principio pensé que me enfrentaría a una historia lineal, desde la adolescencia hasta la vejez. Pero la sorpresa fue descubrir un relato que evoca el pasado desde un presente que ya contiene respuestas, cicatrices y la experiencia de los años. Sí, es una historia narrada desde la vejez, y eso la hace hermosa, valiosa y profundamente cautivadora. Aunque es Irina quien relata el presente, la historia de Alma se lee en primera persona.
Empiezo destacando algo que no siempre analizamos: los viejos tienen historia, pero no solo la historia de su vida pasada, también la de su presente. Esto me pareció maravilloso. Tengo una madre muy mayor y es indispensable quitarles el estigma de “ancianos” como sinónimo de final. Detrás de sus canas, de sus pasos lentos, de los dolores y los olvidos, hay personas que todavía sienten, aman y sufren; personas que perciben el tiempo de forma distinta porque lo aprecian mejor.
Es la primera vez que leo una novela construida desde la mirada del adulto mayor con tal profundidad, y creo firmemente que los libros llegan cuando los necesitamos. Hoy comprendo que mi madre no está terminando su vida: la sigue viviendo día a día.
Iniciamos ubicados en una residencia para adultos mayores. Desde allí, vemos cómo se les despoja de carácter, clasificándolos según dolencias, poder adquisitivo o tiempo de vida restante. Esa mirada fría contrasta con la intensidad de lo que realmente habita en ellos. Por eso resultan valiosas las descripciones de sus relaciones, de aquello que les despierta interés, de cómo algunas mujeres intentan verse bellas cuando llega un nuevo jubilado que aún tiene energía para caminar por los jardines.
Irina, inicialmente cuidadora para la residencia, se convierte en narradora de las historias de los residentes. Al ser contratada por Alma, es quien nos conduce en la investigación de su vida amorosa. Su curiosidad es la nuestra. Las cartas semanales acompañadas de flores nos llevan por un recorrido que atraviesa la guerra, la pasión juvenil y la compleja posición de la familia Belasco.
Alma llega muy joven a América huyendo de la guerra. Su infancia se sostiene gracias a su primo Nathaniel y al hijo del jardinero, Ichimei, un joven japonés silencioso y reservado. Allí nace un amor que la acompañará toda su vida.
El amor entre Alma e Ichimei emerge como símbolo de constancia frente a la desesperación, la pérdida y la incomodidad. Es su ancla emocional. Ese mismo amor la impulsa a mantenerse firme en un entorno universitario aún esquivo para las mujeres y a explorar su talento artístico hasta convertirlo en moda. Porque, querámoslo o no, la moda también es política, porque es expresión y postura.
Cuando Alma queda embarazada, quiere abortar, esto revela la crudeza de la época en prácticas clandestinas, dolorosas y peligrosas. La novela no romantiza la decisión; pues esta fundamentada en el miedo, el estatus social, la precariedad y las limitaciones impuestas a las mujeres. Nathaniel decide casarse con ella para impedirlo. Ese gesto es el punto de quiebre. No es un acto romántico en el sentido clásico, es un acto de protección y de amor incipiente. Se casan para sostener una vida que parecía inconveniente. El bebé muere, pero allí empieza a construirse otro tipo de amor, menos pasional que con Ichimei, sí, pero profundamente valioso.
Nathaniel es, para mí, uno de los personajes más nobles de la novela. Y aquí quiero detenerme en algo que me pareció brillante en la escritura de Isabel: Durante toda la enfermedad de Nathaniel, creemos que tiene cáncer. La familia, los amigos, la sociedad, el lector... La autora nos conduce con delicadeza hacia esa versión. La narrativa es tan pulcra, tan cuidada, que como lectores aceptamos esa verdad sin cuestionarla. Después se nos presenta la verdad, Nathaniel muere de Sida. Ese giro no es solo informativo, es emocional y político. Nos muestra el estigma de la época, la necesidad de proteger la imagen familiar. Y nos confronta pues nosotros también caímos en la versión cómoda.
La revelación de su orientación sexual y su enfermedad, desmonta prejuicios sociales de la época. Alma no juzga, por el contrario, abre su casa como un espacio digno para que él pueda morir junto a su pareja, y ella se une a ellos como compañía y apoyo hasta el final. Esa lealtad silenciosa parece devolver el favor por los años en que él protegió su secreto.
Irina, carga con una historia de abuso sexual que condiciona su capacidad de amar. Seth, nieto de Alma, quien además actuó de cupido entre ellos; con paciencia, representa la posibilidad de un amor reparador.
Y luego viene el final. Acelerando la lectura y los años de la historia. Alma envejece rápido y finalmente muere mientras intentaba llegar al lugar clandestino donde por años se encontró con Ichimei para amarse con devoción.
Irina presencia la despedida de Ichimei, quien abraza su féretro por ultima vez. Ese momento intimo impacta tanto a Irina que con el dolor de la perdida lo comparte con Seth, este incrédulo le muestra la ultima carta que termina esta historia, allí se revela que Ichimei había muerto tres años antes. Alma, incapaz de soltar ese duelo, se enviaba a sí misma copias de las cartas y flores, manteniendo vivo el ritual de su amor.
Esa despedida vista por Irina, responde a la necesidad del lector de darles el tiempo de un ultimo encuentro.
Angie W. Niconella

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