Puntuación: ⭐⭐⭐⭐
Ficha Técnica
Autor: Emily Brontë
País: Reino Unido.
Año: 1847
Genero: Novela Gótica.
Subgénero: Drama, Ficción.
Temas: Abuso, Relaciones, Clases Socailes.Número de Libros: 1
Sinopsis: Cumbres borrascosas es una novela de la escritora británica Emily Brontë, publicada en 1847. Originalmente firmada con el seudónimo Ellis Bell, la obra destacó por su estructura narrativa y por la oscuridad de su historia. Si bien la recepción no fue muy entusiasta al principio, pronto se convirtió en un clásico de la literatura occidental.
El argumento de la novela gira en torno a las pasiones, el desprecio y la venganza. Adoptado por la familia Earnshaw, el niño Heathcliff sufre el desprecio de familiares, criados y vecinos. Además, padece el rechazo de Catherine, quien a pesar de corresponderle, opta por un matrimonio a conveniencia. Entonces, Heathcliff trama su venganza. Veamos a continuación el resumen, análisis y personajes de la novela.
Sinopsis: Cumbres borrascosas es una novela de la escritora británica Emily Brontë, publicada en 1847. Originalmente firmada con el seudónimo Ellis Bell, la obra destacó por su estructura narrativa y por la oscuridad de su historia. Si bien la recepción no fue muy entusiasta al principio, pronto se convirtió en un clásico de la literatura occidental.
El argumento de la novela gira en torno a las pasiones, el desprecio y la venganza. Adoptado por la familia Earnshaw, el niño Heathcliff sufre el desprecio de familiares, criados y vecinos. Además, padece el rechazo de Catherine, quien a pesar de corresponderle, opta por un matrimonio a conveniencia. Entonces, Heathcliff trama su venganza. Veamos a continuación el resumen, análisis y personajes de la novela.
Opinión Personal
Puntuación que le doy: ⭐⭐⭐⭐
Contenido: 🌑🎎🔪
La recomiendo: Si
La volvería a leer: No
Reto desbloqueado: No Aplica.
Esta lectura inició en diciembre, motivada por mi intención de ver la nueva adaptación cinematográfica prevista para febrero de 2026 con un contexto amplio y consciente de la obra.
Considero que este libro debe leerse bajo una mirada profundamente crítica y abierta al debate. Es un relato que incomoda, pero esa incomodidad es necesaria: nos obliga a cuestionar los roles impuestos, la normalización del abuso y la peligrosa romantización de la violencia.
No debemos olvidar que la narración nos llega a través de Elena (Nelly Dean), criada y dama de compañía primero de la familia Earnshaw y luego, tras el matrimonio de su ama, de la familia Linton. Es testigo permanente de los hechos, pero no es una narradora neutral. Su relato está atravesado por su propia moral, sus creencias y su interpretación emocional de los acontecimientos. Lo que leemos ya viene filtrado por el lenguaje del alma de esta mujer.
Quiero empezar con una afirmación clara, esta no es una historia de amor. Es una historia de violencia transgeneracional, de abuso, manipulación y dependencia emocional.
Los personajes crecen en entornos áridos, y el paisaje refleja el estado de sus almas. Cumbres Borrascosas no es solo una casa, es un símbolo. Se deteriora junto a quienes la habitan. Al inicio refleja el estatus de sus ocupantes; después se degrada cuando Hindley se pierde en el licor y las apuestas tras la muerte de Francis; se vuelve fría y espectral cuando Heathcliff vive su duelo obsesivo por Catalina; y termina cerrándose cuando los últimos herederos deciden marcharse a la Granja. Ese cierre representa, para mí, el fin de la lealtad al odio y a la violencia, un mensaje poderoso sobre quienes deciden romper con el legado destructivo.
Isabel representa la imposición histórica hacia la mujer: ser dócil, callada, redentora de hombres heridos. Contra toda advertencia, se une a Heathcliff, quien nunca oculta su desprecio hacia ella. Es valioso que logre huir y criar sola a su hijo, alejándose del ciclo de violencia.
Hindley y Heathcliff evocan, en cierta medida, la estructura simbólica de Caín y Abel. El hijo legítimo, movido por los celos, reacciona ante la independencia y la diferencia del otro. El desprecio inicial desencadena humillaciones y maltratos que siembran en Heathcliff una identidad construida sobre la venganza.
Hindley, incapaz de procesar el duelo por la muerte de su esposa, cae en una espiral autodestructiva disfrazada de libertad: fiestas, alcohol, excesos y despilfarro. Pierde su herencia, y Heathcliff aprovecha esa ruina para adquirir el poder que antes le fue negado. La humillación cambia de manos. Paradójicamente, el único que llora a Heathcliff en su funeral será Hareton, el sobrino a quien también maltrató.
Heathcliff es un personaje cuyo origen desconocemos, pero cuyo carácter se despliega con crudeza. El trauma de la humillación y el maltrato lo consume hasta convertirlo en un hombre dominado por el resentimiento. Su venganza no busca justicia, busca devastación. El guiño final que insinúa una posible naturaleza casi demoníaca no es más que una metáfora de lo que ocurre cuando el dolor no se procesa y se transforma en destrucción.
Catalina es impulsiva, narcisista y profundamente contradictoria. Lleva el drama al extremo y cuando realmente necesita ayuda, nadie la toma en serio. Su vínculo con Heathcliff es una lucha constante de egos, ninguno cede, ninguno se rinde. Se reconocen como iguales en intensidad y orgullo, no en ternura. Con Eduardo, en cambio, la relación es desigual, él es apacible y dócil, pero no por ello menos significativo.
En medio de tanto carácter dominante, Eduardo puede parecer débil. Sin embargo, es la semilla luminosa de la obra. Su forma de amar, cuidar y educar a su hija Caty permite que surja, en la siguiente generación, un amor distinto.
La verdadera historia de amor no es la de Catalina y Heathcliff, sino la de Caty y Hareton. Su unión es más cálida, más humana. Se acercan sin el peso del odio heredado. Hareton busca crecer, aprender, estar a la altura de Caty. Se escuchan, reconocen errores y se disculpan. Allí se da transformación.
Al escuchar a la directora Emerald Fennell afirmar que su interpretación nace de lo que sintió al leer el libro a los 14 años, siento la responsabilidad, como lectora crítica, de cuestionar esa mirada. Es peligroso romantizar violencia y relaciones tóxicas desde una sensibilidad adolescente.
Aunque la directora ha aclarado que su película es “una fantasía” y no una adaptación directa de la novela de Emily Brontë, resulta difícil comprender ciertas decisiones creativas: la erotización explícita de Catalina, la masturbación solitaria, la sumisión exacerbada de Isabel. Son elementos que no dialogan con el espíritu original de la obra.
Jacob Elordi, sin duda, dota a su personaje de atractivo, pero Heathcliff no es un hombre deseable, es incómodo, despierta inquietud más que empatía. La película elimina la tensión estructural entre hermanos al borrar a Hindley, dejando sin sustento el origen del resentimiento de Heathcliff. Margot Robbie encarna una Catalina soñadora, casi etérea, desprovista de su manipulación y su intensidad oscura, transformando la historia en un romance estético entre carruajes y paisajes exóticos.
La redención generacional, representada en Caty y Hareton, desaparece en favor de una muerte barroca, visualmente impactante pero narrativamente vacía.
No considero saludable que esta película diluya el mensaje central de Emily Brontë sobre una dinámica transgeneracional marcada por odio, abuso y violencia, realidades que muchas mujeres aún viven. Cuando el marketing vende “Romance Gótico” o “Amor trágico”, se corre el riesgo de presentar como deseable un vínculo enfermo, perpetuando la admiración por relaciones de dominación que durante siglos han silenciado y subordinado a las mujeres.
Leer Cumbres Borrascosas exige incomodidad. Y esa incomodidad no debe maquillarse.
Angie W. Niconella


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