lunes, 1 de septiembre de 2025

Actos Humanos


Puntuación: 


Ficha Técnica

País: Corea del Sur.
Año: 2024
Genero: Novela Contemporánea.
Subgénero: Psicológico, Drama, Política.
Temas: Anarquía, Gobierno, Familia.
Número de Libros: 1/1

Sinopsis: Mayo de 1980. La ciudad de Gwangju se moviliza contra la dictadura militar de Chun Doo-hwan, que hace unos meses tomó el poder en Corea del Sur. La oposición civil, liderada por los estudiantes universitarios, se subleva a favor de la democracia, pero el ejército reprime cruelmente las protestas disparando indiscriminadamente a la multitud, sin hacer distinciones entre estudiantes y civiles.
Tras la sanguinaria matanza, un joven busca el cadáver de un amigo, un alma intenta aferrarse a su cuerpo abandonado y a sus recuerdos, y un país brutalizado busca su voz. En esta novela polifónica, las víctimas y los supervivientes que los lloran se enfrentan a la censura, a la negación, al perdón, a la culpa y a la memoria de un episodio traumático que sigue resonando en nuestros días.
Han Kang, galardonada con el premio Nobel de Literatura «por su intensa prosa poética que confronta los traumas históricos y expone la fragilidad de la vida humana», homenajea a las víctimas de la masacre de su ciudad natal a través de las voces de los mártires de la dictadura surcoreana. Actos humanos es una novela brutal, profundamente atemporal y universal que nos habla de las heridas colectivas, la represión y la violencia humana.

Opinión Personal

Puntuación que le doy:  
Contenido: 💭🎎💣
La recomiendo: Si
La volvería a leer: Si
Reto desbloqueado: No Aplica.

Han Kang me tiene atrapada con su forma de relatar. Este libro contiene una carga emocional muy fuerte, que incluso marco a la autora, quien confesó que en ocasiones solo podía escribir 3 líneas al día. 

En Actos Humanos, me impactó la decisión de narrar la masacre de Gwangju, desde siete puntos de vista distintos. A través de ellos, la autora reconstruye las secuelas de la violencia a lo largo de los años, mostrando cómo la memoria individual y colectiva se entrelazan. La novela se mueve en el tiempo, trasladándonos a la mente de cada personaje, con Kang Dong-ho —personaje principal que permanece como símbolo y recordatorio de la atrocidad— haciendo de hilo conductor en la narración de quienes aún lo recuerdan.

Cada capítulo lo relacioné con arquetipo que representa a los ciudadanos. Los muertos, representados por Kang Dong-ho, quien observa con impotencia cómo su cuerpo es manipulado por los voluntarios que intentan socorrer a los heridos. Se aferra a la existencia, sin voz. No puede despedirse, y aun así intenta conectar desde su nueva condición espectral con alguien conocido. Su figura encarna la imposibilidad de descansar en paz cuando la violencia arranca incluso la despedida. 

El amigo, representado por Jeong-dae, se une a los alzados con la esperanza de encontrar a su compañero, de abrazarlo o al menos de honrar su cuerpo. Representa esa solidaridad que impulsa a resistir, incluso cuando se lleva una cruz invisible y pesada.

La hermana, representada por Eun-sook, quien desde su trabajo en una editorial, intenta preservar lo vivido en Gwangju. Es un recordatorio de la importancia de la memoria para impedir la repetición de la barbarie y rescatar la dignidad de quienes fueron silenciados.

La culpa se hace presente en Kim Jin-su. Tras ser encarcelado y liberado en una amnistía, no soporta haber sido el único sobreviviente. Durante diez años cargó con esa herida invisible, hasta que sucumbió a ella. Su relato es doloroso, me estremeció encontrarme frente a las escenas de familiares reconociendo a sus muertos, limpiando huesos, observando cráneos huecos y rotos, restos que revelan las huellas de la tortura y las ejecuciones. Es la representación de una impotencia colectiva, de esa lucha interna entre levantarse contra lo injusto o proteger a la familia, siempre bajo el peso del silencio impuesto por el poder.

La mujer, representada por Seon-ju, confió en que su desnudez sería respetada como un límite inviolable. Pero su cuerpo fue violentado con brutalidad, incluso con objetos, en escenas descritas con crudeza insoportable. Esa violencia sistemática apagó su voz y marcó su espíritu. El sangrado permanente que le quedó, es la cicatriz viva de una doble opresión: la política y la de su condición de mujer. Este pasaje me dolió, me indignó y me hizo odiar con fuerza la dictadura de Chun Doo-hwan.

La madre se convierte en el arquetipo universal de resiliencia. Con fe y tenacidad, continúa reclamando por su hijo desaparecido, al tiempo que sostiene una familia fracturada por la pérdida y la culpa. Su figura revela la fuerza inquebrantable de quienes, pese al dolor, siguen exigiendo justicia.

Finalmente, Han nos conduce al presente, al encuentro con el Gwangju actual, la visita al museo de la memoria, donde la autora reconoce a su tío entre las fotografías exhibidas como acto central del “no olvido”. La novela culmina con una pregunta que atraviesa cada página y que inevitablemente resuena en el lector: ¿Qué significa ser humano, cuando se ejecutan acciones e tal magnitud, cuando no se permite al otro la dignidad de ser un igual?

Actos Humanos es una lectura dura y dolorosa, pero necesaria. No solo nos recuerda la violencia ejercida en Corea del Sur, sino que nos confronta con la fragilidad y la dignidad humanas frente a cualquier dictadura.


Angie W. Niconella



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