viernes, 25 de julio de 2025

Esta Herida Llena de Peces

 

Esta Herida Llena de Peces
Puntuación: 


Ficha Técnica

País: Colombia.
Año: 2021
Genero: Novela Dramática.
Subgénero: Ficción, Relato Corto, Historia Contemporánea.
Temas: Maternidad, Perdidas, Guerra.
Número de Libros: 1


Sinopsis: En Quibdó, una joven madre blanca se embarca en una canoa con su niño negro de cinco años. Empiezan un largo viaje hacia el norte por el Atrato. Las preguntas de los demás viajeros – y el viaje interior de la madre- nos revelan un dato desgarrador: la mujer que ha criado al niño casi desde su nacimiento, debe ahora entregárselo a su madre biológica, que vive en un pueblo lejano, río abajo. Este viaje por el corazón del Chocó, y por esa herida llena de peces, es un viaje en el que los protagonistas se dirigen al encuentro con su destino, y al encuentro con la historia más compleja y profunda del país donde vivimos.




Opinión Personal

Puntuación que le doy: 
Contenido: 💔💣
La recomiendo: Si
La volvería a leer: No
Reto desbloqueado: No Aplica.

Este libro te rompe y te desgarra de una forma única.

Lorena escribe con la naturalidad de lo cotidiano, lo que hace del relato algo íntimo, envolvente y profundamente humano. Lastimosamente, la guerra también es cotidiana en algunas zonas de nuestro país, y sus manifestaciones destruyen sin contención ni aviso.

Durante la lectura, se transita el viaje ansioso de la protagonista. Un viaje íntimo, pero también físico: llevar al niño de regreso con su madre biológica, una madre ausente que lo reclama como forma de aliviar las pérdidas que afronta. Así vamos conectando de manera orgánica con los personajes, sintiendo su dolor a través de las palabras y absorbiendo —con respeto— las características ricas y diversas de una región totalmente desconocida para mí como ciudadana colombiana y como lectora.

El conflicto interno sobre la maternidad nos confronta con los roles impuestos: los que vienen desde fuera —como una exigencia social— y los que nos autoimponemos desde nuestras propias heridas. A veces no nos sentimos parte, no nos sentimos suficientes, simplemente porque no cumplimos con los modelos preestablecidos, como en este caso, el de parir. Pero también se puede pertenecer desde la empatía, desde el cuidado, desde el amor.

Ella, para mí, fué madre completa de ese pequeño. Le entregó su vida, su mundo, y la posibilidad de desarrollarse, de ser un niño curioso, alegre, con dos mamás —porque nunca le negó su origen. Te enamoras de él sin darte cuenta. Ríes con él, exploras con él, te conectas a él… y te destruyes por él.

El relato final es desgarrador. No solo por la realidad hecha pedazos, pintada con una lluvia de polvo de cemento y madera que debería ser magia, pero realmente es dolor puro e impunidad; sino también por el desconcierto: la pérdida tan palpable, el rostro roto, la reacción impotente, el intento de recoger las partes de una vida entera que se acaba de desmoronar, representada por los pequeños miembros dispersos en el suelo, de ese pequeño.

Una madre no debería enterrar a sus hijos. Una madre no debería armar a sus hijos como si fueran un puzle antes de sepultarlos. La impunidad no debería ser la marca personal de una madre de la selva colombiana.

Lo más doloroso de este libro es que ese niño, esas madres, esas muertes, muy posiblemente existieron en el Chocó. Y me duele leerlo desde el privilegio de la ciudad, donde la guerra no se siente con todo su peso, ni nos arrebata —con esa crueldad— a los nuestros.


Angie W. Niconella




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